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Después de Rio+20


por Edith Sizoo, Pierre Calame

Hacer de la responsabilidad el foco de la ética del siglo XXI y construir a partir de ella un tercer pilar para la comunidad internacional: 
¿Qué estrategia tras el fracaso de Rio+20?

Pierre Calame
Con el concurso de Edith Sizoo

Una nueva ética y un nuevo derecho internacional para asumir nuestras interdependencias: contextualización

Entre la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano en Estocolmo de 1972 y la Cumbre de la Tierra en Rio de Janeiro en 1992, se había desarrollado una lenta toma de consciencia: la de la interdependencia entre las sociedades del mundo y entre la humanidad y la biosfera. Se había que tener en cuenta el impacto de cada sociedad sobre las demás, y asumir el impacto del conjunto de las sociedades sobre el planeta. Esto implicaba que cada actor, cada sociedad, cada nación rindiera cuentas de su impacto sobre las demás y sobre la biosfera. De ello dependía la salvaguardia de la humanidad. Esta era la idea de “Carta de la Tierra”. Durante la preparación de la Cumbre de la Tierra de 1992, muchos proyectos diferentes de Carta de la Tierra fueron desarrollados tanto por los estados como por la sociedad civil. Debían conducir a un nuevo convenio internacional, tercer pilar de la comunidad internacional junto a la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos porque ninguno de estos dos textos fundacionales, adoptados tras la segunda guerra mundial, trata de la interdependencia entre sociedades y entre la humanidad y la biosfera. Pero los estados presentes en Rio no pudieron ponerse de acuerdo sobre un texto de compromiso común que podría ser la base de un futuro derecho internacional. Se limitaron a adoptar una Agenda 21, desde luego abriendo caminos nuevos, pero no vinculantes.

La referencia a una responsabilidad común de los pueblos hacia “su futuro común” se limitó en este programa a adoptar el principio de “responsabilidades comunes pero diferenciadas”. El principio reconoce que el impacto de las sociedades sobre su entorno varía según el nivel de su desarrollo material, pasado y presente. […]

En los veinte años que siguieron la Cumbre de la Tierra, mientras se profundizaban las interdependencias entre las sociedades y crecía el efecto acumulativo de las actividades humanas sobre la biosfera, los estados, en lugar de colaborar más estrechamente para trabajar hacia una supervivencia común, siguieron reafirmando su soberanía. En la práctica, esto fue igual que negar cualquier toma en cuenta de su impacto sobre los otros y sobre la biosfera. […]

En este contexto, la llamada conferencia internacional Rio+20, organizada con motivo del 20° aniversario de la Cumbre de la Tierra, se abandonó al juego de la diplomacia, una supervivencia de la época en que el estado del mundo podía justificar que las relaciones internacionales se redujeran a negociaciones entre estados soberanos. El fracaso de Rio+20, donde los estados adoptaron un texto de cincuenta páginas balbuceando compromisos ya asumidos hace mucho tiempo con los que nunca se cumplió, firma la quiebra de la diplomacia y la incapacidad de este modo de relaciones entre sociedades para salvaguardar el futuro. […]

Jamás, tras el fracaso de Rio+20, ha sido tan profunda la brecha entre la gobernanza mundial y las necesidades de protección de la humanidad. Nuestra gobernanza mundial y nuestro derecho internacional, por su incapacidad para tomar en cuenta la cuestión de las interdependencias, se han convertido para la humanidad el más grave de todos los riesgos.

Frente a esta admisión de impotencia de los estados y del derecho, la sociedad civil, expresión de una comunidad mundial apareciendo lentamente, debe tomar la iniciativa. Necesita converger los esfuerzos, incluso invitando a algunos estados y gobiernos más lúcidos a volver a tomar la iniciativa en dirección de la ONU, que por ahora sigue siendo, a pesar de sus debilidades, el único espacio de desarrollo de convenios, normas y derechos internacionales. Ésta es la tarea a que el Foro Ética & Responsabilidades se ha de dedicar. […]

La idea que la responsabilidad haya cambiado en su naturaleza con las crecientes interdependencias mundiales y que pueda servir como base de un futuro derecho internacional completando la Declaración Universal de los Derechos Humanos no es nueva. Por el contrario, se expresa por todos lados y es la que justifica la esperanza de lograrlo algún día. […]

Lejos de pretender hacer trabajo original, el Foro quiere promover estas convergencias par arraigar en todas partes del mundo, en todos los medios y sobre todos los temas una nueva ética de la responsabilidad, en un movimiento lo suficiente poderoso para que se imponga gradualmente en las conciencias, se convierta en una referencia ineludible y permita establecer un derecho internacional complementario al de los derechos humanos.

La idea de responsabilidad se encuentra, con variaciones, en todas las sociedades. Deber responder del impacto de sus actos sobre los demás, reconocer la simetría de las obligaciones entre los miembros es en efecto el fundamento de cualquier comunidad. Derechos y responsabilidades son las dos caras inseparables de la ciudadanía. La responsabilidad se aplica a diferentes escalas, desde lo local a lo global. Se expresa en tres niveles:

• el de la conciencia individual;
• el de las referencias colectivas;
• el del derecho.

Un derecho internacional de la responsabilidad no tendría ningún efecto si la conciencia de la responsabilidad no se incorporara en otros niveles pero permanece sin embargo indispensable, como lo es la aprobación por la Asamblea General de las Naciones Unidas de una declaración que establezca este derecho. Por lo tanto, los esfuerzos de la sociedad civil deben desplegarse en los tres niveles, –conciencia individual, referencias colectivas y derecho– a todas las escalas, en todos los medios. […]

En octubre de 2010 se desarrolló con juristas una primera versión de lo que se llamó tentativamente una Carta de Responsabilidad Universales. Luego buscamos un estado que, en el contexto de la preparación de la Conferencia, pudiera convertirse en campeón de esta Carta

Tarea especialmente difícil pues la cuestión de la responsabilidad no estaba en la agenda oficial de las negociaciones. Llegamos a la conclusión que sólo Brasil podría ser el campeón: menos sospechoso que Europa o los Estados Unidos de querer imponer valores occidentales sobre el resto del mundo, gran país emergente y además el anfitrión de la Conferencia, era prácticamente el único en condiciones de proponer una ampliación del agenda inicial. Reuniones con varios miembros del gobierno brasileño en septiembre de 2011 nos mostraron que compartían nuestro análisis de los riesgos de fracaso de la Conferencia Rio+20 y algunos expresaron gran interés en la iniciativa que les sometíamos. […]

Sin afirmar que esta batalla se haya ganado, observamos, sin embargo, gracias al trabajo persistente del Foro, avances reales. También ellos nos dan confianza en el futuro.

Promover después de Rio+20 la ética de la responsabilidad en todos los niveles

En las aventuras colectivas, el tiempo no es lineal. Los preparativos para la Conferencia Rio+20 fueron un acelerador del tiempo para el movimiento “ética y responsabilidad”. El calendario de la conferencia nos impuso su ritmo, nos obligó a unir nuestros esfuerzos para desarrollar herramientas de comunicación, escribir nuevos textos, hacer contactos al nivel más alto. La contrapartida es el riesgo, siempre presente, de quemar etapas y perder en términos de firmeza lo que ganamos en rapidez. El pos-Rio nos obliga a consolidar nuestras bases y a preparamos nuevamente para un largo camino, no obstante atentos para aprovechar todas las oportunidades nuevas. Esta consolidación de nuestras bases para un largo camino requiere una estrategia integral cuyas principales características son las siguientes:

- El movimiento debe referirse a las cuatro categorías de actores del cambio: los innovadores, teóricos, los generalizadores, los reguladores.
- La ética de la responsabilidad se debe promover en tres niveles: el de la conciencia individual; el de las referencias colectivas; el de las normas y el derecho.
- La ética de la responsabilidad debe avanzar en tres dimensiones: la diversidad de las zonas geográficas, la diversidad de medios, la diversidad de los campos de la vida en sociedad.
- La corresponsabilidad de los diferentes actores debe desplegarse en cuatro escalas: local; nacional; regional; mundial. […] De allí, podemos definir una estrategia de cuatro patas: estructurar la gobernanza del Foro Ética & Responsabilidades; ampliar la audiencia del movimiento a otros medios y otras partes del mundo; mejorar la credibilidad y la visibilidad de las propuestas del Foro; construir y consolidar la base documental de nuestra estrategia.

El texto completo discute mas extensamente los temas siguientes:

1. Estructurar la gobernanza del Foro Ética & Responsabilidades

2. Ampliar las bases del movimiento

2.1 Ampliación socio-profesional 2.2 Ampliación a otras regiones del mundo

3. Fortalecer la credibilidad y la visibilidad de las propuestas del Foro

3.1 Fortalecer la credibilidad jurídica. 3.2 Fortalecer la credibilidad institucional

4. Construir y consolidar la base documental de nuestra estrategia

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Después de Rio+20 Version integral
Fecha de publicación: 7 de diciembre de 2012
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