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¿Desde donde vamos a reflexionar sobre ética y responsabilidad en la Red Habitantes?


Algunas consideraciones
por Cristina Reynals

Espacios urbanos, instituciones, sistemas, subjetivación y nuevas subjetividades son coproductores en los procesos de desagregación social...





Foto: Solos, por David Benavent


Tomaremos como hipótesis que las instituciones como mediadoras de la expulsión conllevan instrumentos de poder claves en la subjetivación y socialización. Esta prescindencia del sujeto con la paradoja de la sujeción en sus estrictos límites de circulación, de propiedad, de identidad, de ciudadanía se acompaña paradójicamente con el vacío, el abandono en la producción de las ausencias, de los intersticios claves para la sobrevivencia. Esta racionalidad instrumental forma parte del método y se encuentra programada institucionalmente, esta producción tiene sin duda dos víctimas el productor y el producido, dos coproductores estrechamente vinculados en los procesos de desagregación social.

En las prácticas y discursos institucionales es posible observar en profundidad tres dimensiones relevantes en juego: la disposición de los espacios urbanos, la concepción de lo social y la creación de la subjetividad. La producción del macro-desmantelamiento del sistema y la reposición del otro deja a las instituciones reguladoras, otrora disciplinarias, en una doble tarea, por un lado de administrar el orden y la rehabilitación de los sujetos, las familias, las comunidades peligrosas, y por el otro, atender las necesidades de los sujetos, expresadas y tratadas individualmente. Así la distribución espacial –especularmente a la distribución del poder y la riqueza social- se fragmenta, escotomiza, y produce marcaciones en los intensos procesos de guetificación, los barrios obreros ya no configuran continuum espacial sino fracturas de circulación social. En esta degradación las distancias sociales se acentúan y las ocupaciones policíaco-militares se frecuentan, la violencia fabrica la cotidianeidad.


Foto: Industrial Mural por The Flying Enchilada


En este contexto emergen nuevas subjetividades trágicas cuyos marcos tradicionales populares se disuelven, así como la familia en su estructura, los roles diferenciados, la dominación: sexual, etaria, micro-económica, se trastocan. En este derrumbe sin reemplazo la subjetividad transita y se esculpe en nuevos colectivos de muy variada índole: de asistencia, de vecindad, de bandas, de conflicto tribal y en su extremo niñez, vejez, discapacidad, con abandono y soledad. La legalidad y la ilegalidad no tienen fronteras se yuxtaponen, ya que sobrevivir en las exigencias de la sociedad hegemónica, que se manifiestan descarnadamente, del ya supuesto panóptico reticular que se enceguece en estos espacios, exige en su límite y en su interior documentación de identidad, domicilio fijo, pago de impuestos, expensas vecinales, servicios públicos privatizados, vigilancia privada... Estos factores tórnanse co-constructores de nuevas subjetividades vulneradas en extremo que conduce a proyecciones explosivas-implosivas.

Las instituciones conservan –entre los mandatos de privatización, focalización y asistencialismo- formas tutelares, asistenciales que responden a los síntomas, la calidad de los padecimientos sociales resulta en estas prácticas inabarcables, y en esta inabarcabilidad se encuentran los recursos de la legitimación hegemónica. La impotencia no produce interrogantes sobre el hacer sino la magra expresión del límite impuesto por las instancias superiores, la sobrevivencia asalariada y el saber oficial adquirido. Así, la intervención se formula sin la posibilidad de avanzar sobre las cadenas causales del sujeto, el contexto y el sistema. La repetición, la derivación, y la rehabilitación sin sentido resultan homóloga al transcurso social del desalojo.

Fecha de publicación: 24 de junio de 2011
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