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Asamblea mundial de migrantes termina para volver a empezar


con carta que propone más y mejor humanidad
por Ricardo Jiménez, Lucía Mariana Alvites

El 4 de febrero pasado, se cerraba en al isla de Gorea (Senegal), el encuentro mundial de migrantes celebrando la redacción final de la Carta Mundial de Migrantes. Tres días unidos por una misma esperanza, resistencia y propuesta por un futuro más humano...



Con cánticos profundos, sentidos y hermosos, al límite entre la tristeza y la euforia, en sonique y guaruf, dos de los varios idiomas locales, y con febriles ritmos de tambores, el más hondo de los idiomas africanos, donde se mezclaron coros europeos, consignas latinoamericanas y expresiones coloridas de pueblos de diversas partes del planeta, así cerró el encuentro mundial de migrantes en la isla de Gorea. Unidos por el mismo dolor que provoca una gobernanza migratoria mundial cada vez más inadecuada para el siglo XXI, provocando crímenes innecesarios contra la humanidad; pero sobre todo, por una misma esperanza, resistencia y propuesta, los y las migrantes del mundo, celebraron así la redacción final de la Carta Mundial de Migrantes, refrendada íntegramente en Asamblea durante tres días.

Es la culminación de un largo camino desde 2006 en Marsella, que hermanó en el debate protagónico a migrantes de los cinco continentes. Y es también el inicio de otro lleno de desafíos hacia una amplia alianza mundial de migrantes que con su lucha haga realidad los principios de la Carta: la libre circulación, residencia y trabajo de todos los seres humanos en cualquier lugar del planeta; la plena igualdad de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales; el reconocimiento de todas las identidades y culturas, su diálogo horizontal y su mutuo enriquecimiento.

En Gorea, el mismo lugar donde la cultura capitalista occidental moderna deshumanizó con el horror de la esclavitud a millones de hombres, mujeres y niños, los y las migrantes manifestaron al mundo la necesidad histórica de abolir la actual gobernanza migratoria, nuevo crimen de esa misma cultura hoy en crisis pero todavía dolorosamente operante. Y su voluntad inquebrantable de construir un nuevo mundo, urgentemente necesario, deseable, y perfectamente posible, donde la migración ya no será más un naufragio evitable de la felicidad y dignidad humanas, sino una opción libre de crecimiento y felicidad.

Por eso, la Asamblea mundial de migrantes termina, pero para volver a empezar.

Leer la carta aquí

Fecha de publicación: 10 de agosto de 2011
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